Actualizado: lunes, 26 de agosto de 2013

La motosierra que segó la competencia

McCulloch Motors estaba lejos de convertirse en el líder del sector cuando presentó la motosierra individual McCulloch 3-25 allá por octubre de 1949. Pero su revolucionaria hoja los puso por delante de la noche a la mañana, convirtiendo a la marca en una de las más punteras en los inicios de las motosierras.

La carrera por el oro en la industria de las motosierras

A finales de los 40, todos los fabricantes tenían su propio modelo de motosierra. El tiempo y el desarrollo tecnológico habían convertido a la motosierra individual en algo indispensable para los trabajos forestales. Hasta entonces, estos trabajos se habían tenido que hacer con modelos pesados que necesitaban de dos personas para poder usarse. Y, por fin, la mecanización de la industria forestal pudo despuntar gracias a las motosierras individuales.

Pero rara vez durante esta carrera por el primero puesto consiguieron los fabricantes de motosierras desarrollar sus propios productos a partir de sus propias soluciones tecnológicas. Más bien todo lo contrario. La inspiración se tomaba prestada en numerosas ocasiones o directamente se copiaba; y no era fácil distinguir la copia del original. Naturalmente, había excepciones. Y McCulloch Motors Corporation, en California, era una de ellas.

Un motor pequeño con un éxito arrollador

El éxito de McCulloch se debe principalmente a su fundador, Robert P McCulloch, y su incansable necesidad de experimentación. Los motores pequeños y ligeros se convirtieron en su especialidad y, durante la década de los 30, estuvo fabricando motores de gran eficiencia para coches de carreras de pequeño tamaño, llamados "midgets".

Durante la II Guerra Mundial, desarrolló y fabricó motores de dos cilindros para los objetivos controlados de forma remota de los entrenamientos de pilotos de guerra. Reducir el peso de estos motores se convirtió en un reto constante. Y lo aprendido durante este tiempo demostró ser muy útil al aplicarlo a las motosierras.

Pero, ¿cómo empezó McCulloch a fabricar motosierras? Como era habitual por aquella época, uno tenía que aprovechar cualquier oportunidad sin pararse a pensar: "¿encaja esto en mi cartera de productos?"

Al terminar la guerra, McCulloch Motors había firmado un contrato de varios años con Reed-Prentice para el suministro de motores de motosierras. Como es natural, mucho fue lo aprendido durante este período y, tan pronto como finalizó el contrato, McCulloch empezó a fabricar sus propias motosierras para dos personas.

Las motosierras de dos personas fueron el primer peldaño

Las motosierras de dos personas no eran nada nuevo cuando McCulloch entró en el negocio. Los primeros modelos comerciales ya se habían introducido en los años 20, pero no habían tenido mucho éxito. Estas sierras eran muy pesadas, difíciles de manejar y poco fiables. Además, necesitaban de dos personas para tumbar un árbol, con una de ellas sujetando el manillar en el extremo de la espada.

Las primeras sierras de dos personas de McCulloch, que empezaron a comercializarse en julio de 1948, no fueron una excepción, aunque sí pesaban algo menos que sus competidoras.

La 3-25 de McCulloch revolucionó el sector

A pesar de estar bien diseñadas y fabricadas, McCulloch sabía que las motosierras de dos personas nunca serían un gran éxito. Así que siguió experimentando con diferentes motores y materiales. Finalmente, en octubre de 1949, llegó el momento de presentar el producto que revolucionaría el sector de las motosierras y las máquinas forestales.

Se trataba de la McCulloch 3-25, una motosierra que podía ser utilizada por un único operario y que era mucho más ligera que sus predecesoras, gracias en gran parte a su carcasa de aluminio fundido. La hoja pesaba solo 11,3 kg con una espada instalada de 60 centímetros... un gran adelanto en aquella época. Y el motor mantenía la potencia suficiente para accionar grandes espadas y cadenas de hasta 76 centímetros.

Además, la sierra podía inclinarse y utilizarse en cualquier posición sin tener que reajustar la espada gracias a un carburador de diafragma, comercializado por primera vez por McCulloch. Se introdujo también un mango delantero con un agarre trasero tipo pistola que pronto se convertiría en un estándar de la industria.

Más de 112.000 motosierras fabricadas

Casi de la noche a la mañana, la McCulloch 3-25 supuso un antes y un después en la industria. El precio y el peso fueron elementos suficientemente atractivos que atrajeron a un nuevo grupo de clientes, como granjeros y usuarios domésticos.

El diseño básico demostró ser acertado y McCulloch continuó fabricando la 3-25 hasta marzo de 1953, aunque sí se fueron modificando los materiales y algunos detalles. En total, la producción alcanzó más de 112.000 ejemplares.

La McCulloch 3-25 estaba lejos aún de ser perfecta si atendemos a los estándares actuales, al menos en términos de seguridad, ergonomía, niveles de sonido y eficiencia. Sin embargo, la relevancia histórica de esta motosierra es indiscutible. La 3-25 marcó el inicio de la mecanización en el sector forestal en los EE. UU. y, por extensión, el inicio de la marca McCulloch tal y como la conocemos hoy.

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